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Pocos nombres evocan tanta elegancia en el cuadrilátero como el de José Ángel “Mantequilla” Nápoles. Con un estilo fluido y devastador, se convirtió en uno de los campeones mundiales de boxeo más admirados de la historia. Pero más allá de los cinturones y las ovaciones, su vida en Ciudad Juárez revela una historia de humildad, resiliencia y entrega comunitaria.

Del campeón mundial al vecino juarense

Nápoles, nacido en 1940 en Santiago de Cuba, encontró en México su segunda patria tras la prohibición del boxeo profesional en su país natal. Tras conquistar el mundo del boxeo como campeón indiscutido de peso welter en 1969 y mantener su reinado durante casi una década, sus últimos años se alejaron de los reflectores. En 1992, decidió establecerse en Ciudad Juárez, Chihuahua, junto a su pareja Juana Bertha Navarro.

En la frontera norte, «Mantequilla» cambió los grandes escenarios por un modesto gimnasio en los legendarios Baños Roma. Allí, lejos de lujos, dedicó sus días a entrenar a jóvenes de escasos recursos, compartiendo su conocimiento y pasión por el boxeo. Su cercanía con la comunidad lo convirtió en un personaje querido, reconocido como «juarense distinguido» y vecino solidario que alegraba a niños y adultos con gestos sencillos.

Luchas fuera del ring

La vida en Juárez también significó para Nápoles enfrentar una pelea distinta: problemas de salud y dificultades económicas. Padeció Parkinson, demencia senil, diabetes y desnutrición. Sin embargo, el cariño de la comunidad y el respaldo de instituciones como el Consejo Mundial de Boxeo le brindaron apoyo en sus años más complicados.

El gimnasio Baños Roma se transformó en símbolo de su legado. En 2013, fue renovado como centro cultural y deportivo, espacio donde su memoria sigue viva. Incluso inspiró obras teatrales y proyectos comunitarios que celebran la resistencia y el espíritu de superación de la frontera.

Legado imborrable

José Ángel “Mantequilla” Nápoles falleció en 2019, pero su paso por Ciudad Juárez dejó una huella profunda. Más que campeón mundial, fue un ejemplo de humildad, cercanía y compromiso con su comunidad. Su historia recuerda que, incluso tras la gloria deportiva, hay espacio para el servicio y la inspiración colectiva.

En Juárez, «Mantequilla» no solo enseñó golpes: enseñó valores.

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Por Redacción Panorama Hoy

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