En la fila del Oxxo
– ¡Quihubo mi Shelby! No te veía desde tu boda ¿Cómo andas?
– Pos la Netflix, como puedo mi reina
– Ah caray ¿Dónde quedó la sonrisa que te vi en la tanda del billete?
– Naa ya ni me acuerdo, duró más la lana que mi dulce ilusión
– O sea, ¿Es un gran mito eso de las delicias del matrimonio?
– Ah claro! Ni te creas que todo es vida y dulzura, le brotó al bato lo tóxico, lo tacaño, todos los etcéteras que gustes y mandes
– No manches, pues no le aguantes nada, regrésate a tu casa con tus papás
– No, ellos me advirtieron sobre el Brayan y con qué cara voy
– Sí, cala mucho cuando te sueltan mil te lo dije
– Yo lo arreglo, pero no le cuentes a nadie, que nadie sepa mi sufrir
– Ja ja ja, mejor tomarlo con humor
Aah raza!
Mucho se dice que es típico de los mexicanos tomar las cosas con humor, hasta de las situaciones más extremas sacamos un chiste, un meme, aderezamos las anécdotas con detalles graciosos, y si se trata de sí mismo, es con “más crema a los tacos”; si algo desafortunado sucede y no se puede arreglar, al menos no al momento, pues lo mejor es irse a echar unos pistos y hasta a bailar; unas buenas cumbias sacuden el gusanito del sobrepienso, que no se note que se trae arrastrando la cobija.
“Qué nadie sepa mi sufrir” es infaltable es fiestas, reuniones, en “play list” y hasta en la radio, para quienes aún escuchamos música por este medio. La versión más conocida actualmente es la interpretada por la Sonora Dinamita, organización musical colombiana fundada en 1960 por Lucho Argain, pero la tan popular pieza tiene su origen e historia muy peculiar. Este famoso vals peruano-criollo también conocido como «Amor de mis amores», fue compuesto en 1936 por el músico argentino Ángel Cabral (melodía) y el poeta Enrique Dizeo (letra).
La canción fue popularizada internacionalmente por Édith Piaf en 1957 como «La foule» – esto no me lo esperaba -, y años después, en 1968, el ecuatoriano Julio Jaramillo, llamado “El Ruiseñor de América”, se hizo con esta canción a la escena musical. Otras versiones y otras voces han hecho que se mantenga vigente la melodía, muy “standard” ya que la letra igual se presta para “mover el esqueleto”, como para mover las penas del corazón, al menos ocultarlas a la vista del mundo, porque no siempre son lucrables las congojas y desde hace 90 años, siempre habrá quien no quiera y se esfuerce en que nadie sepa su sufrir.
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