En los primeros días del año, Chihuahua enfrenta una reconfiguración económica que ha ido cobrando fuerza sin grandes titulares, pero con efectos concretos: la relocalización de empresas extranjeras —mejor conocida como nearshoring— ha puesto al estado en el centro de una red global de oportunidades, inversiones y desafíos logísticos. Si bien el concepto parece lejano, sus implicaciones ya se sienten en los parques industriales, en la demanda de mano de obra calificada y en la infraestructura urbana de ciudades clave.

El nearshoring, en términos simples, es la estrategia por la cual compañías trasnacionales trasladan parte de su producción a países más cercanos a sus mercados principales. En el caso de México, este fenómeno ha cobrado impulso a raíz de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, la disrupción de las cadenas de suministro globales tras la pandemia y la necesidad de reducir costos y tiempos de traslado. Para Chihuahua, cuya ubicación geográfica es estratégica y su perfil industrial está consolidado, esto ha significado un punto de inflexión.

El estado cuenta con una infraestructura robusta en sectores como la manufactura avanzada, la industria automotriz, aeroespacial y electrónica. Además, ciudades como Chihuahua capital, Juárez y Cuauhtémoc disponen de parques industriales con capacidad instalada, experiencia exportadora y una fuerza laboral entrenada. Todo esto ha hecho que múltiples empresas vean en el estado una plataforma viable para establecer o ampliar operaciones orientadas al mercado norteamericano.

De acuerdo con cifras recientes del Gobierno del Estado, más de 160 nuevas operaciones empresariales han llegado a Chihuahua desde 2021, muchas de ellas en el marco del reacomodo industrial global. La inversión en infraestructura productiva, particularmente en parques industriales y centros de capacitación como los Cenaltec, ha sido un factor decisivo para atraer estos proyectos. El dinamismo económico se ha traducido en más de 80 mil nuevos empleos, pero también ha generado presiones sobre servicios públicos, vivienda y transporte.

Uno de los efectos más visibles de este auge es el crecimiento acelerado de los corredores industriales, sobre todo en la zona norte del estado. Esto ha traído beneficios, pero también plantea interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo: ¿hay suficiente agua, energía y conectividad para sostener este ritmo? ¿Está la mano de obra local preparada para las nuevas exigencias tecnológicas? ¿Cómo evitar que este crecimiento se concentre solo en ciertas zonas o segmentos de población?

La oportunidad del nearshoring exige más que una postura receptiva. Implica planeación urbana, inversión en infraestructura logística, políticas de desarrollo regional y mecanismos de inclusión laboral. La formación técnica y tecnológica se vuelve clave: instituciones como los tecnológicos regionales, la UACH y los propios centros de capacitación industrial deben adecuar su oferta a las nuevas demandas de la industria global.

Además, el reto ambiental no puede quedar fuera de la ecuación. El desarrollo de nuevos parques industriales debe considerar criterios de sostenibilidad, eficiencia energética y uso responsable del territorio. De lo contrario, el costo del crecimiento puede recaer en las comunidades y ecosistemas locales.

Chihuahua tiene ante sí la posibilidad de consolidarse como un eje industrial del siglo XXI. Pero ese futuro no se garantiza con la sola llegada de inversiones. Se construye con visión de largo plazo, colaboración interinstitucional y participación ciudadana. El nearshoring no es una fórmula mágica: es una ventana que, si se gestiona con inteligencia, puede redefinir el modelo económico del estado hacia uno más resiliente, equitativo y competitivo.

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