Por Gustavo Silva De la Rosa
“Cuatlicue: lo demasiado lleno y colmado de todos los atributos de la existencia, presencia en la que se concentra la totalidad del universo”
Octavio Paz
En noviembre de 2025 la presidenta Claudia Sheinbaum presentó como proyecto a “Coatlicue”, la supercomputadora que será la más poderosa de América Latina. Con una inversión de 6 mil millones de pesos y un plazo de construcción de 24 meses, este proyecto representa un salto estratégico hacia la soberanía tecnológica. Nombrada en honor a la diosa mexica de la tierra y la vida, Coatlicue no es un símbolo nostálgico, sino un instrumento concreto para procesar datos masivos, impulsar la inteligencia artificial y fortalecer capacidades científicas en salud, clima, economía y seguridad nacional.
La reciente visita de la Presidenta Sheinbaum al Barcelona Supercomputing Center refuerza esta visión de futuro. En lugar de quedarse atrapados en reclamos históricos por la conquista, México ha elegido la cooperación concreta con España. Esta alianza con uno de los centros más avanzados de Europa permitirá transferir conocimiento, capacitar talento mexicano y acelerar el desarrollo de “Coatlicue”. Es un ejemplo claro de que la madurez de un país se mide por su capacidad para “construir interlocución en el presente”, no por rumiar eternamente agravios del pasado.
Mientras algunos insisten en recibir un “perdón” por hechos ocurridos hace más de 500 años, el gobierno actual apuesta por la inteligencia artificial y la supercomputación. Esa es la diferencia entre una política de memoria fantasmal y una política de desarrollo real. La historia debe estudiarse, pero no puede convertirse en una cadena que impida avanzar. “Coatlicue” (el proyecto) demuestra que es posible honrar las raíces culturales mexicanas sin renunciar al progreso tecnológico del siglo XXI.
El Senador Rolando Rodrigo Zapata Bello, presidente de la Comisión de Análisis, Seguimiento y Evaluación sobre la Aplicación y Desarrollo de la Inteligencia Artificial en México, anunció que está en condiciones de presentar una iniciativa para expedir una ley general para regular y fomentar el uso de la Inteligencia Artificial (IA) en el país.
El Senado de la República también avanza en la dirección correcta al abrir camino a una regulación seria de la inteligencia artificial, incluyendo penas de cárcel para infracciones gravísimas como deepfakes pornográficos, fraudes masivos o manipulación de información. Esta legislación es necesaria y urgente. La IA no es neutral: puede ser una herramienta poderosa para el bien común o un arma para vulnerar derechos, desinformar y cometer delitos. México no puede quedarse rezagado en la regulación mientras otros países ya establecen marcos éticos y legales.
Invertir en “Coatlicue” y legislar sobre IA significa apostar por el talento de miles de jóvenes mexicanos que hoy estudian ciencias de datos, programación y algoritmos. Es darles herramientas para que no tengan que emigrar en busca de oportunidades tecnológicas. Es, en definitiva, construir soberanía en el siglo de la inteligencia artificial. La cooperación con Barcelona es un paso inteligente: aprender de quien ya está avanzado, sin complejos ni resentimientos históricos.
El verdadero patriotismo en 2026 no consiste en revivir agravios coloniales, sino en dotar a México de capacidades tecnológicas propias. “Coatlicue” y la regulación de la IA son apuestas concretas por un país más competitivo, más justo y más soberano. Ojalá que esta línea de acción se mantenga y se profundice. El futuro no se conquista con discursos del pasado, sino con talento formado en su juventud y leyes inteligentes que protejan a la sociedad sin frenar el progreso.
Sin condenar, ni reivindicar, considero necesaria: una reconciliación racional con nuestra historia; advertirnos como producto de un pasado que nos hace ser quienes somos, pero no nos controla para decidir quiénes queremos ser a partir del presente; reconocer nuestras causas, para comprendernos como efecto de ellas; vincularnos con nuestro pasado para continuar la historia. Nunca para repetirla.
Podemos calificar nuestros antecedentes históricos como dichosos o nefastos, pero el resultado de esa historia… seguiremos siendo nosotros mismos.
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